domingo, 17 de mayo de 2009

...No aplican restricciones...


¿Existe un lugar donde la gente pueda embriagarse en las calles sin problemas?, ¿un lugar cosmopolita en donde puedas caminar toda la noche en la calle y aún así poder entrar a restaurantes, bares y antros llenos de gente?, ¿un lugar donde el tiempo no transcurre?, ¿una combinación perfecta entre entretenimiento y cultura?... Sí, existe y se llama Las Vegas. 

Si de por sí Las Vegas es un lugar que se caracteriza por sus espectaculares y lujosos hoteles, por sus shows y espectáculos internacionales y por los millones de turistas que recibe diariamente, vivir la celebración de año nuevo en ésta ciudad, es otra historia que contar.

La reunión es en Las Vegas Boulevard, en todo el strip, desde el hotel Circus Circus, hasta aproximadamente el Resort casino Planet Hollywood, a eso de las 7 de la tarde, tras haber tenido el día entero para comprar por toda la ciudad - tanto en su parte nueva, como en el viejo Las Vegas, donde se encuentran los inolvidables e inmortales Casinos, que fueron escenario de películas clásicas como 3,000 Millas al infierno (2003, con Kurt Russel y Kevin Costner), Pánico y locura en las Vegas (1998, con Johnny Depp y Benicio del Toro) y Adios a Las Vegas (1995, con Elizabeth Shue y Nicolas Cage), y además, lugar real de la concentración de la mafia y los gangsters estadounidenses de los años  40´s y 50´s - collares, sombreros, lentes llamativos, serpentinas y luces de colores para celebrar.

La gente que planea recibir el nuevo año en la calle, comienza a llegar. Algunas mujeres se visten glamorosas y elegantes, con pequeños vestidos de lentejuelas y tacones que combinan perfectamente con su bolso, y van acompañadas de sus parejas, galanes de revista y aparador. Otros vamos vestidos de mezclilla, tenis y gruesas chamarras para evitar el frío del desierto que sabemos llegará conforme comience a anochecer. El resto de los visitantes se encuentra en las tantas opciones de bares y casinos que hay. Cada Hotel tiene preparado su festejo de lujo con sus huéspedes e invitados.

Sin embargo, cada vez somos más los que esperamos la celebración. Sentada en los pies de marfil de César, el emperador,  afuera del Caesar´s Palace, puedo observar las interminables filas de la gente para comprar una cerveza. Había carritos en las calles que patrocinaban las distintas marcas de cerveza y mientras la fila para comprar una Heineken de 355 ml, estaba muy larga, había otra fila menos larga porque estaba menos visible, era la de Bud Light, con la promoción especial de una botella de casi 2 lt a 12 dlls, a donde yo me dirigí. Aunque un poco grotesca, la ventaja de comprarla fue que ya no tuve que volver a formarme en toda la noche. 
También había gente más refinada, que traía copas de martinis de colores en sus manos, u otros con margaritas de litro y medio en recipientes llamativos y diversos: desde la Torre Eiffel miniatura (que distribuía el hotel Paris en la compra de la margarita), hasta matraces gigantes de colores y luces brillantes. El hecho es que todos podían beber en la calle, sin restricciones. 

A las 10 de la noche, comenzó a escucharse un fuerte ruido, parecía una moto a toda velocidad. Tras ponerme a investigar y seguir el ruido, llegue a la escena del crimen: Levi Sherwood, en su motocicleta, se preparaba para brincar la réplica del Arco del Triunfo del Paris, como parte de la inauguración de la temporada 2009 del Red Bull X Fighters. Estaba en televisión nacional transmitido en vivo por ESPN y a través de unas pantallas gigantes podía ver el rostro angustiado del motociclista, consciente del riesgo que implicaba realizar semejante maniobra. La más preocupada era su esposa, que no dejaba de morderse las uñas y cruzar los brazos con preocupación.

Al fin llegó la hora, y en medio de la bulla de la multitud ansiosa de que comience el espectáculo, y de los besos y abrazos que la esposa le daba al preocupado Levi, se subió a su motocicleta y comenzó la operación. Al final, tras un primer intento fallido y con el cuál todos gritamos, aplaudimos y respiramos con alivio, Levi pudo cruzar el monumento y finalizar victorioso su hazaña, aunque con las manos sangradas de la fuerza con la que tomó el manubrio de la motocicleta para no caer de ella. 

Para aproximadamente las 11:30 de la noche, y de regreso en el Caesar´s Palace, ya no había lugar para una sola persona más. Desde familias completas con papás, abuelos, niños y bebés en carreolas, hasta recién casados, parejas de novios, grupos de amigos, gente extravagante, gente ebria tirada en las banquetas, o yo, que me dediqué a tomar fotos y cerveza, para intentar olvidar el frío que tenía. 

Perdí la noción del tiempo en observar a la gente y en saludar a gente muy amable que caminaba y deseaba feliz año nuevo a todo mundo, cuando de pronto en medio de gran alarde la gente gritaba emocionada: "ten, nine, eight, seven, six, five, four, three, two, one... ¡¡¡happy new year!!! y comenzaron los fuegos articiales en el cielo y los abrazos, besos y muestras de cariño entre los presentes. 

Y aquí es donde comienza el problema, porque para salir de ahí y liberarse del tumulto tiene que pasar al menos una hora de caminar en un mar de gente, detenido, con muy poco avance y que puede volverse desesperante y estresante para la gente claustrofóbica o para los que necesitaban urgentemente un baño, como yo, que tuve que preocuparme por no ser aplastada por la multitud o por no separarme de mis acompañantes, para no pensar en eso hasta poder llegar al primer casino.  

Ya estando en el casino, se puede aprovechar para jugar en las divertidas y entretenidas máquinas y ruletas o tras dejar pasar un ratito, se puede salir de nuevo a la calle ya tranquila y amena para caminar y disfrutar de los espectáculos que los hoteles tienen preparados para los turistas, o pasar y conocerlos, sin importar que se trate de las 2 de la mañana. 

A pesar del frío, el frenético e implacable mundo de gente y los dólares que seguramente perderán jugando en las adictivas maquinitas y en los souvenirs, Las Vegas es una excelente opción para recibir nuevo año y además para divertirse sin restricciones en la ciudad del pecado, donde todo - o casi todo - está permitido.  

Si visitas Las Vegas, no dejes de visitar:

De Cusco a Machu Picchu en zig-zag.


El tren sale a las 6:05 de la mañana con rumbo a la estación de Aguas Calientes en Machu Picchu. Lo primero que me pregunto  es por qué haremos un recorrido de 112 kilómetros en casi cuatro horas. La respuesta no tarda en llegar: después de un breve rato de avanzar, el tren se va en reversa. Vuelve a avanzar, y otra vez en reversa. Por fin lo entiendo: por lo accidentado del valle cusqueño, el tren tiene que dejar la ciudad en zig-zag. 

No es el único detalle simpático. Después de recibirnos vestidos de gala, los empleados del Vistadome cambian su vestimenta por la de meseros y son los encargados de servirnos el desayuno, que incluye una necesaria y generosa dosis de té de coca. Más adelante, los mismos vuelven a cambiar de atuendo y, ahora, con chaleco y gorra, venden suvenires. Pero el punto culminante es cuando la música andina le abre espacio a ABBA y The Dancing Queen, tras el anuncio de un desfile de modas: los mismos empleados, hombre y mujer, el primero bastante avergonzado y la segunda en estado de éxtasis, desfilan por el pasillo con distintos modelos de lana y alpaca. 

La tierra del Valle Sagrado de los incas es roja. Es como si la tierra se hubiera tragado el fuego. Lo demás es verde, un verde que se trepa por las cimas de las montañas, sin dejar nada al descubierto. En la estación de Ollantaytambo hay un intercambio copioso de pasajeros: quienes descienden, con sus mochilas a cuestas, son quienes harán a pie el Camino del Inca: 43 kilómetros por las laderas y las cimas de los Andes, por un sendero de piedra que es la parte sobreviviente de una red de caminos de más de 3,000 kilómetros que los incas construyeron para conectar sus ciudades y sus valles.
Los que ascienden se suman a quienes somos más perezosos y comodinos, en busca de llegar a pronto a la tierra prometida.

Claro, semejante tierra tiene todavía obstáculos. Además de que, de vez en vez, un hombre baja a toda prisa del tren para cambiar la vía y dejar pasar al tren que viene de regreso, cosa que se lleva su rato, de la estación de tren a la ciudadela de Machu Picchu hay que subirse a un autobús que, además de desafiar a la gravedad por otro camino en zig-zag hacia la cima, se puede decir que los conductores son idénticos a los taxistas mexicanos: su audacia tiene características suicidas.

Todas esas dificultades, sin embargo, se borran en un instante. Es difícil encontrar las palabras adecuadas para describir la primera sensación al encontrarse de frente con esa imagen, tan vista siempre en las postales: la esplendorosa ciudadela de Machu Picchu, rodeada de nuebes y envuelta enter montañas de formas simétricas, perfectas, únicas.

Vilma, mi guía quechua, nos mira con la dicha de quien sabe que sus ancestros han cautivado para siempre a este par de viajeros que, atónitos, contemplan en silencio una ciudad construída 600 años atrás en una geografía imposible. Se pueden dedicar días enteros para recorrerla a detalle, sí, pero en mi grupo estiramos las horas con la ayuda de la temporada baja y con la sabiduría de Vilma, que nos despeja las incógnitas y nos lleva por un recorrido inteligente, primero por las magníficas terrazas de la zona agrícola, después por la zona urbana, con su sector civil compuesto por viviendas y canales y su sector sagrado, conformado por templos, plazas, mausoleos y casas reales. Y pensar que el hallazgo de la que es hoy una de las siete maravillas del mundo moderno, ¡fue un accidente!. 

Se dice que la ciudad fue abandonada en 1565, quizá porque los habitantes, temerosos de lo que los españoles habían destruido en Cusco y en todo el Valle Sagrado, sintieron que ya no era un lugar seguro. Aunque hay varias teorías controvertidas de quienes la encontraron desde siglos anteriores, no fue sino hasta julio de 1911 que Hiram Bingham hizo el descubrimiento científico del lugar, en una expedición apoyada por la Universidad de Yale y la National Geographic Society. El hallazgo fue una casualidad, dado que Bingham iba buscando la ciudad de Vilcamba, el último refugio de los incas y punto de resistencia final contra los españoles.

Hacia el final de la visita las nubes ya están encima y cubren todo. Ya ni siquiera es posible mirar el Huayna Picchu (la montaña Nueva). Y cae la lluvia, mientras nosotros intentamos beber las últimas gotas de ese milagro arquitectónico y ese paisaje místico. Es hora de bajar hacia el desordenado pueblo de Aguas Calientes, donde en el muy recomendable Inkaterra Machu Picchu nos espera un sauna andino, un masaje relajante en el UNU Spa fragancias naturales de menta, eucalipto, monte limón y orquídeas, para cerrar con broche de oro con la hora del pisco sour, ese trago sublime al que le debemos varios nuevos buenos amigos y una liga sentimental irrompible con este país entrañable e indomable.

Por Javier Martínez Staines, Director General de Editorial Televisa.  

 

...A cocinar se ha dicho...


Una nueva modalidad ha surgido entre los hoteles: clases de cocina. A partir de ahora, los huéspedes no sólo podrán disfrutar de instalaciones de lujo, buen servicio y la vista al mar de los que se encuentran en la playa, sino que tendrán la posibilidad de vivir toda una experiencia culinaria, preparando sus alimentos bajo la batuta de los mejores Chefs del mundo.

The Ritz-Carlton Cancún es uno de ellos, puesto que ofrece a sus huéspedes la gran oportunidad de cocinar, platicar y aprender con el Chef Mark Bittman, también autor del libro “How to Cook everything” y de la columna “The Minimalist” del New York Times. Esta experiencia está integrada a un paquete completo, cuyo precio es de $65,000.00 por pareja y que incluye tres noches de alojamiento en suite de lujo,  actividades recreativas, clases de cocina, degustaciones y la convivencia con el Chef.

Por su parte, el Hotel Fairmont Mayakoba en la Riviera Maya, tiene preparado al huésped paquetes familiares que le brindan la posibilidad de combinar la diversión que ofrece la playa naturalmente , con la pasión, la entrega y el amor a la gastronomía que el Chef David Andrews les transmitirá en sus clases de cocina.

En una entrevista que le hice, el Chef Andrews cuenta que la clase de cocina tiene duración de 1 hora, en grupos de máximo 8 personas entre mexicanos y extranjeros y hay disponibilidad de tres horarios por la mañana, por lo que la clase tendría que agendarse previamente.

La cita es en el lobby del Hotel, en donde el Chef personalmente recoge a sus alumnos y los lleva a dar un recorrido por las cinco cocinas del Hotel. “El tour termina en la cocina principal, donde observamos todos los instrumentos e ingredientes para la cocina fría, para el plato fuerte y después enseñamos al huésped a dejar todo preparado para comenzar a cocinar”, dijo el Chef Andrews.

“El tour es muy interesante porque conocen las distintas cocinas, los distintos menús y se dan cuenta de las políticas de la cocina”, agrega el Chef. Posteriormente, ya estando en la cocina principal, “comenzamos desde enseñarles cómo lavarse las manos correctamente y a ponerse guantes y un gorro para estar listos y comenzar a cocinar un platillo que es exclusivo para el Fairmont”.

El platillo se basa en los cinco elementos naturales por excelencia: agua, aire, tierra, fuego y viento. Cada elemento se posiciona en uno de los cinco compartimentos de una caja estilo japonés, y se procede a comenzar a “mezclar, oler, probar, sazonar y crear”, como dice el Chef. “La pasión y el amor son lo que hace la diferencia”.

Después de competir entre las familias para ver quien hizo el mejor platillo, los huéspedes pueden degustar de su creación en la parte del Hotel que ellos deseen. Sin embargo, el Chef recomienda que se vayan al Café Maya y pidan media botella de vino para acompañar su comida. 


Si visitas la Riviera Maya, no dejes de ir a:

¿Qué vacunas necesitas?


Cuando viajas a lugares exóticos como a la jungla australiana, a los trópicos africanos o ahora a México que para muchos es un lugar infestado de influenza porcina, probablemente necesitas vacunarte contra enfermedades y virus que ni conoces. La Guía de vacunación para el viajero, de la doctora Elizabeth Macías Barrera, es un libro práctico que resuelve estas dudas. 

A manera de pregunta y respuesta, puede decirte cuántos años te protege una vacuna y cuáles son las que necesitas según el destino al que vayas, con información actualizada. "En un viaje a Cairo en 2001 me enviaron directo al servicio médico del aeropuerto porque me faltaban las vacunas obligatorias. Como no hablan español, ni me preguntaron si era alérgica a algo. Me pregunté cuántas personas han pasado lo mismo, por no averiguar los requisitos básicos antes de viajar. Decidí dedicarme a promover la cultura preventiva en Latinoamérica, y de ahí surgió la idea de este libro", comenta la doctora Macías.

Fuente: Revista Traveler, Vol. 2, Núm 14.