domingo, 19 de abril de 2009

Across the Universe...


...across the Liverpool. Sí, en ésta pequeña ciudad del condado de Merseyside en Inglaterra, nació el inmortal y famosísimo cuarteto de Liverpool: The Beatles. 

 

George, Paul, John y Ringo caminaron, compusieron y cantaron por las hermosas calles de la ciudad en donde también juegan dos importantes equipos de soccer en el mundo, el Everton y el Liverpool FC. 

 

Con apenas 454,654 habitantes, ha sido considerada en repetidas ocasiones como la Capital Europea de la Cultura, debido a la cantidad y calidad de museos que tiene. Por ejemplo, El Museo del Mundo combina tesoros históricos procedentes de todo el globo con tecnología interactiva, que  ayudan a pasar un día insuperable en familia. Entre sus colecciones de importancia internacional se cuentan la arqueológica, la etnológica y la de ciencias naturales y física, además del único planetario gratuito de todo el Reino Unido. Desde insectos vivos hasta momias egipcias, de cerámica prehistórica a exploración espacial, el museo siempre tiene algo para todos los gustos.

Otro ejemplo es la Galería de Arte Walker, que alberga una de las más destacadas colecciones de bellas artes y artes decorativas de toda Europa, y lleva más de 120 años inspirando y deleitando a sus visitantes. 
Desde Millais a Monet, y de Rembrandt a Hockney, la galería cuenta con las mejores piezas de arte de la historia.

Sean de arte, de historia, o de música, los museos de Liverpool son excelentes y dejan un muy buen sabor de boca al igual que el resto de la ciudad.

No te puedes perder:

·      Museo internacional de la esclavitud

·      Museo Marítimo de Merseyside

·      El Centro nacional de conservación

·      Y por supuesto, Museo The Beatles story exhibition!! 

... Crónica de un callejón sin salida ...

La gente corre sin cesar hacia todas direcciones. Los niños se refugian en sus casas cada que escuchan una explosión, las jóvenes se esconden detrás de los autos estacionados. Las señoras observan con angustia y sorpresa desde el final de la calle y llevan las manos a sus oídos cada que vuelve a escucharse un fuerte estruendo.

Por su parte, los hombres, en su mayoría jóvenes, se acercan lentamente y con temor al lugar de donde provienen las explosiones y las luces que desde lejos proyectan sombras largas y en movimiento en las paredes de los callejones.

¡Boom! – se escucha a lo lejos y de pronto, todos los hombres corren en dirección opuesta a las luces. Los niños se tapan los oídos y las jóvenes que estaban tras los autos, corren a la par de los hombres, intentando ponerse a salvo.

¡Ahí viene, ahí viene! Gritan algunos de los valientes hombres que vuelven a acercarse a las luces y las explosiones. Los escondidos salen de sus casas y cuidadosamente se asoman por detrás de los automóviles que los protegen.

Las explosiones y las largas sombras en movimiento que se ven a lo lejos, siguen ahí y mientras eso sucede, algunos se preguntan entre ellos si será cierta la alerta de que “ya viene”. Algunos ríen con temor, algunos abandonan la adrenalina y se alejan al final de la calle con las señoras y muchos otros están listos para continuar.

Esa dinámica de ir y venir, de acercarse con cautela al lugar de las explosiones para luego correr con desenfreno en dirección opuesta, de esconderse para luego echar un ojo a ver si ya pasó el peligro y salir, de escuchar lo que dicen los valientes que vienen del peligro, de “cuchichear” con conocidos y desconocidos con tal de estar informado de lo que sucede, se repite en seguidas ocasiones durante casi 40 minutos.

El número de desertores aumenta conforme pasa el tiempo y conforme el ambiente de desesperación, temor y tensión se vive con mayor intensidad entre las personas.

¡Cuidado! Alguien grita de pronto y un grupo de cuatro mujeres que estaban escondidas tras una camioneta, corren para salvarse. Y es que un petardo que venía volando desde lejos, cayó justo ahí, junto a la camioneta, después de haber hecho explosión en el aire unos segundos antes.

Las sombras se acercaban, los perros ladraban, los gritos se escuchaban por doquier aquel domingo, y entre la gente que corre, caían más petardos explosivos – algunos que explotaban en el aire, otros en tierra – llegaban también chifladores y busca pies por el suelo, y el bombardeo y el caos se incrementaba.

Nuevamente comienzan a acercarse al darse cuenta de que era falsa alarma. Algunos ríen, algunos se unen al grupo de los valientes, y de pronto, entre los petardos que caían como lluvia al suelo y a los carros, y los busca pies que bailaban y volaban sin parar, una luz de bengala pasó desapercibida y cayó en el cabello de una muchacha que estaba apenas saliendo de su escondite.

¡Quítamela, quítamela! Gritaba la joven desesperada y otra mujer que estaba con ella intentaba quitársela lo más rápido que podía, para evitar que se le quemara el cabello. Pero el tiempo corría entre la desesperación de ambas y al final, cuando logró quitársela, el cabello de la joven resultó quemado de toda el área donde se le pegó la varita.

La joven mujer se echó a llorar, y corriendo abandonó el campo de batalla, dirigiéndose a la zona segura que se encuentra al final de la calle. La otra muchacha la siguió.

La gente quedó anonadada con tan angustiante espectáculo y algunos preocupados de que les pasara lo mismo. Pero el tiempo para pensar y preocuparse duró unos segundos antes de que tuvieran que dirigir su mirada nuevamente al callejón de donde proviene el bombardeo, tras el aviso de un guerrero que gritó ¡ahora sí ya viene!.

Detrás de ese joven que corría seguro de que ahora sí venía, se observaban en las paredes las sombras cada vez más cercanas y las explosiones se escuchaban cada vez más fuerte. En un instante, como por arte de magia, apareció una multitud de hombres y mujeres de todas edades, corriendo despavoridos y gritando a los demás ¡corran, corran!.

El caos estaba en la cúspide, y mientras toda la gente que estaba parada en la banqueta, los que se protegían detrás de los autos y los que estaban parados a la mitad de la calle, se  unían a la multitud que corría, algunos tuvieron problemas, se atoraron, perdieron el paso y se cayeron, quedando tan sólo como parte del pavimento que todos pisoteaban, cubriendo su cabeza con sus manos mientras se perdían en el desorden.

Tras esta multitud, se hicieron presentes las sombras que venían de lo lejos, pero esta vez la forma de sombra se convirtió en un señor que en sus hombros cargaba un toro gigante, tres veces más grande que él, hecho de varas de caña y cartón inflamable que tenía mecanismos que hacían expulsar fuegos pirotécnicos, luces intensas, y los barrenos que caían del cielo.

El toro perseguía a la gente emocionada que corría y una vez que todos llegaron al final de la calle, el señor se detuvo, quitó al toro de sus hombros, lo puso en el suelo y le prendió fuego.

Alrededor de la fogata que se hizo, que elevaba grandes llamaradas, se reunió toda la gente que participó y juntos dieron un fuerte aplauso.

Se trata de la celebración de San Lucas, Santo que tiene su Iglesia en el barrio de Coyoacán que lleva su nombre. Después de la misa en su honor, el 18 de octubre, los fieles se reúnen con una hora de anticipación en el pequeño patio de la Iglesia, dispuestos a competir por los pocos lugares que hay para observar con detalle, el castillo y los fuegos pirotécnicos que se realizan.

El reloj marca las ocho y la multitud reunida dentro y fuera del patio, gente que se aglutina en las calles aledañas a la Iglesia, comienza a chiflar y a aplaudir para reclamar que no ha comenzado el espectáculo.

Pasan dos minutos, tres y la gente enfatiza la bulla, ansiosos de que todo comience. Al no suceder, un tipo grita a lo lejos ¡que se escuche la música! Y un conjunto de cuatro personas que se encuentra establecido en una de las esquinas del patio, junto a la entrada principal, comienza a tocar y a cantar.

“No vale nada la vida, la vida no vale nada. Comienza siempre llorando y así llorando se acaba, por eso es que en este mundo, la vida no vale nada…”. Cantan en coro y con mucho sentimiento todas las personas impacientes, mientras el viejecillo que toca la guitarra entona desde su ronco pecho, uno de esos ya conocidos gritos mexicanos.

Se termina la canción, y comienza otra. Esta vez una señora grita ¡de rodillas te pido! y tras la aprobación de la multitud, la banda tocaba “de rodillas te pido, te ruego, te digo, que regreses conmigo que no te he olvidado, que te extrañan mis brazos y que hoy muero de ganas por volverte a besar”. Mientras todos cantaban, unos señores que estaban recargados en una pared, se servían Tequila Cazadores con Fresca en vasos de plástico del número 8, y le servían también a otro joven que se les acercó y les pidió que le compartieran una cuba.

En medio de la alegría, las partes inferiores del castillo comienzan a girar, a hacer volar sus chifladores, a prender de llamativos colores y a sacar chispas. La música paró y la gente volvió su atención al espectáculo.

Silencio profundo. Ni una sola voz. Muy poco movimiento. Lo único que se escuchaba era el rechinar del castillo y lo único que se movía eran sus piezas giratorias. Toda la gente observaba con atención y felicidad al esperado castillo.

Cuando se terminó de quemar el primer nivel, comenzó a girar el segundo y la gente aplaudió sorprendida. Esta vez las piezas giratorias tenían forma de un delfín y de Goofy. Finalmente, cinco minutos después, se inaugura el tercer y último nivel.

La velocidad con la que giraba era impresionante. Las chispas y las luces de múltiples colores que desprendía tenían completamente la atención del público. De pronto, se detiene, se termina de quemar y acompañado de una leve explosión, sale disparada al cielo la corona del castillo. Toda la gente aplaude, grita y levanta la vista para no perder a la corona en la oscuridad.

Cuando estaba lo suficientemente lejos, comenzó un espectáculo de cuetes de distintos colores que deleitaban la pupila de los presentes. En medio de la fiesta, la música, las luces, cayó la corona al suelo, ya seca, ya apagada y cesaron también los fuegos pirotécnicos.

La comunidad satisfecha y feliz, comienza a retirarse del patio, intentado moverse entre las apreturas que tanta gente provoca, pero sin quitar la sonrisa que en sus rostros provocó la culminación de tan esperada fiesta.

Y así es como, minutos después, la gente comienza a reunirse tres calles abajo, en los callejones sin salida en donde a lo lejos se ven largas sombras en movimiento proyectadas en las paredes, y se escuchan explosiones y gritos que la multitud espera como parte de los tradicionales toritos.

Diez minutos después de terminar la fogata que dejó el torito, la calle estaba vacía. La gente se encontraba festejando en sus casas, cenando con sus familias, como se acostumbra en esta fiesta. Las abuelas preparan mucha comida, tanta como para dar de comer a sus hijos, sus nietos, los amigos de los hijos y de los nietos, a los vecinos, a los compadres, y a toda persona que entre a la casa y se siente a la mesa a comer con desconocidos.

Los únicos que quedan en las calles son borrachos, algunos bebiendo y platicando y otros tan sólo sentados, perdidos, sin poder moverse. Pero son los estragos de una fiesta popular, familiar, en la que se reúnen las personas con un mismo interés: el de adorar a San Lucas y de paso, tener un pretexto para correr, gastar y embriagarse. 

Si planeas visitar el Distrito Federal, no te pierdas ésta celebración, es muy tradicional y se disfruta mucho. Sólo con éste tipo de festejos se puede tener un acercamiento a la cultura popular, pilar de todas las naciones. 

sábado, 18 de abril de 2009

Sub-concierto


Jazz, rap, música clásica, música oriental, entre otras, son algunos de los géneros musicales que se pueden encontrar en las estaciones del metro de Chicago, en Illinois, y en realidad por toda la ciudad.

Como la ciudad de donde el Presidente Obama dio el salto a la oficina oval, Chicago es una ciudad totalmente musical. Cualquier persona que la visite puede crear con facilidad el soundtrack de su estancia. 

Ya sea en las calles, en las tiendas, en los restaurantes, en las estaciones del tren, en los parques, y en el metro, se escucha diferente música por doquier que ameniza todos los momentos, hasta los peores en los que no deje de nevar.

La cualidad del metro de esta ciudad, es que la música es en vivo. Ya sea en las estaciones Clark, State y Lake, que forman parte del Downtown, o en estaciones como Jefferson Park o Granville, se encuentra a distintas personas que ya sea con instrumentos o haciendo música con su cuerpo, crean música que resulta ser muy agradable para los residentes y para los turistas.

Además de que es un fácil, accesible y barato medio de transporte, el andar por cualquier ciudad a través del metro o de cualquiera de sus transportes públicos, es la única manera de realmente conocer un nuevo lugar, ya que ahí se encuentra a todo tipo de personas, todo tipo de situaciones y para un turista aventurero, resulta muy agradable percibir nuevos olores, ver a personas de las cuales se puede aprender algo nuevo, y  tener la oportunidad de detenerse parada por parada y conocer absolutamente todo, en lugar de vivir el tráfico que un automóvil causa y tener que pagar los caros estacionamientos.

Si vas a Chicago, ésta es mi lista de recomendaciones:

Lugares de película: La India



Escenario de la taquillera película, Quisiera ser millonario, La India es poseedora, entre otras cosas, de la segunda industria cinematográfica más importante del mundo en cuanto a ingresos, pero la número uno en cantidad de producciones: Bollywood. Asimismo, son los afortunados anfitriones de una de las 7 maravillas del mundo moderno, el Taj Mahal, cuya historia es tan impresionante, que ha sido digna de múltiples historias, novelas y películas.

Construido entre 1631 y 1954, el templo fue un regalo del emperador Sha Jahan a su esposa Mumtaz  Mahal, quien murió dando a luz a su décimo cuarto hijo. Con el trabajo de 20,000 obreros, en 1983 fue declarado Patrimonio de la Humanidad. 

En la película de Danny Boyle se muestra una perspectiva del país: la pobreza extrema, las mafias, las trampas de pobreza y la desigualdad económica. Sin embargo, como el segundo país más poblado del mundo, La India, es un país de grandes contrastes. 

La India, con su religión hinduísta, forma parte de una de las civilizaciones más antiguas del planeta, ya que está llena de tradiciones, ceremonias y desarrollo cultural constante.

Es un hermoso lugar donde se puede aprovechar la variedad de actividades que  mezclan contenidos culturales, ecoturísticos, sociales y religiosos. 

Si planeas conocer La India, no dejes de visitar: